5. EXPLOTACIÓN FORESTAL
Hace
trescientos años el Japón atravesaba una deforestación rapaz que transformaba
el paisaje nacional en páramos. La gestión comunitaria de los bosques fue el punto de inflexión que
inauguró una nueva era de silvicultura profesional que se difundió de aldea en
aldea, rescatando los bosques del Japón, salvando a la nación de un desastre
ecológico.
Ya
desde los años 600-850 D.C. había deforestación grave en la región de Kinai,
debido a la construcción en Nara y Heian, así como la demanda de madera por
parte de la élite gobernante para abastecer ejércitos, y construir castillos y
monumentos religiosos. La selva era “explotada” más que aprovechada. Se
cosechaban la madera y demás productos forestales sin molestarse en procurar el
abasto futuro.
Esta
situación comenzó a cambiar alrededor del 1570. Para entonces la población del
Japón había aumentado a 10 millones de habitantes, y la necesidad de
productos forestales había crecido de manera correspondiente. Conflictos
militares de gran escala durante los 1500s requirieron de grandes cantidades de
madera para los ejércitos. Con la llegada de la paz con el Shogunado Tokugawa,
siguió un periodo de crecimiento urbano y proyectos de construcción monumental
de castillos y templos, que durante los 1600s aumentó la tala de bosques a
niveles nunca antes experimentados en Japón. El conflicto entre aldeanos y
gobernantes sobre el uso de suelo – ya sea para productos de subsistencia para
el pueblo o para satisfacer la demanda de madera de los gobernantes – se volvió
más intenso. Para el 1670 la población había aumentado a casi treinta millones,
y con la excepción de Hokkaido, los bosques viejos habían sido talados en su
totalidad. El abasto de madera y demás productos forestales peligraba. La
erosión, las inundaciones, deslaves y páramos (genya) se hacían cada vez más
comunes. Japón enfrentaba un desastre
Cerca
del 1670 Japón comenzó a responder a este reto ambiental con una “inflexión
positiva” que transformó en sustentable el previo uso insostenible del sus
bosques (Totman 1989).
El
establecimiento de plantaciones de árboles estimuló una necesidad de tecnología
forestal para la siembra y cuidado de los árboles, una tecnología que hasta
entonces solo existía de manera rudimentaria.
La
creación de plantaciones de árboles a su vez estimuló a nuevas
instituciones sociales tanto para las élites gobernantes como para los aldeanos.